lunes, 13 de diciembre de 2010

La importancia de los símbolos en las fiestas

Una fiesta de cumpleaños sin tarta, sin globos, sin aplausos, sin canciones de cumpleaños feliz y sin felicitaciones probablemente no sea considerada una fiesta de cumpleaños.

Los humanos poseen su parte física, un cuerpo tangible que necesita de los sentidos para saber que las cosas existen. De esa manera conoce el ámbito que lo circunda. Una cara triste o feliz en una persona es entendida como tal por la mayoría de los humanos.

De la misma manera, durante la Navidad y el Año Nuevo, las personas en sociedad han desarrollado una forma peculiar de adornar sus casas. Los árboles de navidad, las luces, los pesebres en aquellas familias más creyentes, los dulces, las velas, las canciones, despedidas del año y demás.



En la Nochevieja muchas personas se reúnen en calles, plazas, casas con el fin de recibir el primer segundo del nuevo año y con él renovar sus esperanzas. Todos son símbolos, pues, la madrugada del primero de enero no difiere de las restantes. Aún así, ese simbolismo funciona positivamente en muchas personas que gracias a ello toman una actitud diferente y se proponen cosas que irán o intentarán ir cumpliendo a lo largo del año.

Es por ello que es importante exteriorizar ese final de etapa, de ese ciclo y demostrar la alegría o la solemnidad con los símbolos de la Navidad y del Año Nuevo. Armar el árbol ya sea en familia o en solitario, decorar la casa, saludar al vecino, hacer una lista de propósitos, revisar lo hecho durante el año. Todo ello es una parte natural y saludable del humano. La armonía entre lo físico y lo espiritual.

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